Impulsos nace de una necesidad diferente de entender la pintura. Después de años de trabajar desde la figura, la expresión y la memoria, esta nueva etapa desplaza el centro de atención hacia el propio acto de crear.
La obra ya no parte necesariamente de una imagen que representar ni de una composición completamente definida. El punto de partida puede ser un gesto, una mancha, una textura o una reacción ante la propia materia. Pintar se convierte así en un proceso abierto, en el que cada decisión conduce a la siguiente y donde el resultado no siempre puede anticiparse.
El gesto adquiere una importancia fundamental. La pincelada deja de ser únicamente un recurso para construir una imagen y comienza a registrar el movimiento, la tensión y el estado del momento en que la obra sucede. La materia conserva las huellas del proceso: arrastres, superposiciones, accidentes, correcciones y contrastes forman parte de la propia historia de cada pieza.
También cambia la relación con el color. Si el blanco y negro había funcionado durante años como un lenguaje de contención y el color aparecía de manera puntual como elemento simbólico, en Impulsos puede adquirir una presencia más libre. El color deja de estar necesariamente subordinado a la representación para convertirse en materia, energía y decisión.
Esta libertad no implica ausencia de intención. Al contrario, la serie surge de una búsqueda consciente por desprenderse de determinados límites y permitir que la pintura encuentre sus propias respuestas. Hay obras que nacen de un impulso inicial y evolucionan durante el proceso; otras parecen construirse a partir de la acumulación, el enfrentamiento y la transformación de las capas anteriores.
En este sentido, Impulsos no supone una ruptura absoluta con las etapas anteriores, sino una transformación de aquello que las ha recorrido desde el principio: la necesidad de utilizar la pintura para expresar aquello que difícilmente puede formularse con palabras.
Si Retratos Black & White observaba la presencia y Vidas Robadas se detenía ante la ausencia, Impulsos mira hacia el interior del propio proceso creativo. Ya no se trata tanto de representar algo como de descubrir qué puede aparecer cuando se deja espacio para que la pintura suceda.
Una nueva etapa en la que la obra no siempre nace de una idea. A veces, nace simplemente del impulso de empezar.